El reptil humanoide

En el cúmulo de informes que los impulsores de los seres tridáctilos esgrimen para sustentar la autenticidad de estos restos destacan dos que comparten el mismo autor. Un análisis histológico y el estudio tomográfico de un cráneo pequeño, el primero confirma la naturaleza anómala de una de las momias pequeñas y el segundo lo refuta por completo. Por esta y otras razones, ninguno de los profesionales que el ufólogo Jaime Maussan convocó para esta investigación ha recibido tantas críticas como el protagonista de este artículo. Entre ellos, destacados académicos que cuestionan su competencia profesional.

Artículo: Luca Fotomontaje: Luca (Pixabay, Jeff Larson)

En lo que concierne a los otros informes, cabe hacer referencia al análisis histológico que se realizó a una de las «momias» pequeñas que lleva el nombre de Victoria. El informe revela que se enviaron dos muestras de piel —de la escápula y de la cadera— a un laboratorio en Campeche, México. Alien Project atribuye la autoría del informe al biólogo mexicano José de la Cruz Ríos López, no obstante, en el informe esta es compartida con el patólogo Alejandro Martínez Vásquez.

Estos son los apartados que conforman la conclusión del análisis histológico:

-La piel del paratipo Victoria, está constituido tanto la muestra escapular y la de la cadera por un epitelio estratificado plano altamente queratinizado, acelular y grueso, similar a las escamas que presentan los reptiles.
-La piel de la región escapular presenta pequeñas protuberancias altamente engrosadas de tonalidad blanca, cuya apariencia es a la de una verruga, su distribución en la piel es de manera solitaria y también en pares, encontrándose ausente en la muestra de la cadera.
-En la protuberancia la queratina se torna un poco más compacta y adquiere una forma amorfa.
-Hay ausencias de glándulas mucosas, tampoco presenta glándulas sudoríparas, por lo que la pérdida de agua a través de la piel es prácticamente nula (la queratina es quien la mantiene hidratada y protegida), esto les permite habitar en lugares que sean muy secos, como es el caso del desierto de Nazca, donde han sido hallados estos cuerpos recubiertos con tierra de diatomea para su preservación.
Blgo. José de la Cruz Ríos López en la serie Unearthing Nazca. Fuente: Gaia
El proyecto Antropogénesis remitió el informe al histólogo Konstantin Benken (Centro de recursos para microscopía y microanálisis, Universidad Estatal de San Petersburgo) a fin de obtener una reseña especializada. A continuación resumimos algunas de sus observaciones.

  • Los autores cometen errores propios de estudiantes al «confundir», en la descripción de las imágenes, el aumento real de la imagen con el aumento del lente del microscopio.
  • Los autores afirman que, bajo el microscopio, las muestras son similares «a las escamas que presentan los reptiles», sin presentar ninguna comparación con la piel de los reptiles. Es más, el informe carece de microfotografías de la piel de estos animales.

Izq. Imagen del informe: Muestra extraída de la escápula de la momia. ¿Aumento 100x? Der. Imagen de K. Benken. Piel extraída de la espalda de una iguana verde. Aumento 100x. Fuente: Antropogénesis
  • El informe no proporciona mediciones ni parámetros de ningún tipo, por lo que las afirmaciones que indican que una determinada capa es «gruesa» o «delgada» carecen de sustento.
  • Los autores sostienen que la «ausencia de glándulas mucosas» y sudoríparas «permite» —en el tiempo presente— a estos seres «habitar en lugares que sean muy secos», como el desierto de Nasca. Sin embargo, el informe omite el hecho de que solo se analizaron dos pequeñas muestras de piel e ignora que la piel humana también posee áreas sin glándulas ni cabellos.
  • Las descripciones de las dos últimas fotografías precisan que se usó un microscopio invertido, el cual es un microscopio común en el que la luz viaja en dirección opuesta. Konstantin Benken explica que esta aclaración es absurda porque su uso no constituye una técnica de microscopía, como el contraste de Nomarski, el contraste de fase o la óptica polarizante.
La reseña concluye lo siguiente:

La incompetencia de los investigadores en el campo de la microscopía y la histología es evidente, no se proporcionan datos necesarios, es posible que se haya violado el protocolo de preparación de la muestra. Las conclusiones no están fundamentadas, las fotografías no muestran lo que afirman los autores, no hay fotografías a grandes aumentos, que puedan servir para sacar conclusiones. No existen medidas numéricas de espesores u otras características. No existen comparaciones cualitativas o cuantitativas con la piel humana o de reptil para evaluar similitudes o diferencias.

Un autogol

Sobre el biólogo José de la Cruz Ríos López, es preciso mencionar que también respalda otra polémica investigación que tiene como protagonista a Jaime Maussan (1, 2). Esta afinidad se remonta al 5 de mayo del 2015, cuando Maussan realizó un evento de pago denominado BeWitness, donde presentó las imágenes de un presunto «espécimen de origen desconocido». Poco tiempo después, varios medios demostraron que se trataba del cuerpo momificado de un niño de dos años de edad encontrado en el Parque Nacional de Mesa Verde, EEUU (1, 2, 3, 4).

El biólogo conformó el grupo inicial de profesionales que, bajo la asistencia de Jaime Maussan y Gaia, viajaron a Perú y tuvieron acceso a las momias en el año 2017. Los años siguientes participó como ponente en todas las conferencias que los impulsores organizaron sobre el caso (1, 2, 3). Su más reciente aporte profesional es asimismo su primera publicación en una revista especializada, la cual junto a otras vertebran una editorial búlgara de cuestionable reputación académica. El artículo se titula Applying CΤ-scanning for the Identification of a Skull of an Unknown Archaeological Find in Peru, y se publicó el pasado 8 de octubre. En la actualidad, el biólogo sostiene que todas las momias son auténticas. Sin embargo, en su publicación —tanto en el resumen como en la conclusión— afirma que las cabezas de las momias pequeñas se fabricaron a partir del cráneo detereorado de una llama.

Por otro lado, IARAS, la casa editorial que publicó esta investigación, aparece en la sección de editoriales depredadoras de la actual Beall’s List. Una editorial depredadora se caracteriza por incurrir en prácticas académicas poco transparentes, por carecer de un adecuado sistema de revisión por pares y por incumplir los estándares de calidad en sus publicaciones (1, 2, 3, 4). Jeffrey Beall, un investigador y blibliotecario norteamericano acuñó el término «depredador» para este tipo de revistas y editoriales (1, 2), y publicó una lista extensa de ellas (Beall’s list) en su blog Scholarly Open Access. En enero del 2017, Beall eliminó su lista, pero gracias a académicos y colaboradores esta fue recuperada y sigue actualizándose en beallslist.net.

Los coautores de la publicación en cuestión son Georgios A Florides y Paul Christodoulides. Ambos alcanzaron cierta notoriedad en medios académicos con un artículo que cuestionaba el calentamiento global y que la revista Renewable and Sustainable Energy Reviews de Elsevier retractó en el 2017. El editor de Elsevier retiró la publicación por plagio, aunque varios académicos habían advertido —durante tres años— que también contenía múltiples errores en su argumentación (1, 2). Por su parte, Paul Christodoulides es coautor de una peculiar investigación publicada por una de las revistas de IARAS en mayo del 2020. El artículo sostiene que una serie de fotografías tomadas durante la misión Apolo 11 en la Luna fueron en realidad tomadas en un estudio fotográfico.

Fragmento del artículo «El último clavo en el ataúd de las momias de Nasca», publicado en el portal utero.pe.